Plaza de las Ventas
17 de mayo de 2011
6 toros de el Ventorillo ( encaste Domecq, antigua ganadería de Francisco Medina, desiguales de presencia ( el sexto un zambombo), los tres primeros encastados y muy nobles ( destacó el tercero por su codicia y nobleza) y los 3 segundos descastados y sosos.
El Cid, Miguel Angel Perera y Alejandro Talavante
Después del largo invierno, hoy me reencontraba con la afición venteña ( o lo que queda de ella), con algunos compañeros de abono que siguen honrando con su presencia esta bendita pasión taurina, tan denostada y maltratada por los políticos actuales, que lejos de preocuparse por sus problemas, hacen de ella un arma arrojadiza más en los foros públicos, haciendo gala de la demagogia más exasperante sin rigor alguno.
Para abrir boca, íbamos a confirmar la recuperación del Cid, aquel torero que hace años esculpía auténticas esculturas con la mano izquierda y construía faenas de mando ante toros complicados, el experto de los victorinos, el de la machada de Bilbao... pues bien, tras la floja temporada pasada, según los expertos cronistas, se esbozaba una recuperación en los albores de esta temporada. A tenor de lo visto hoy, tendremos que conlcuir que efectivamente se trataba de un esbozo, que ante un primer toro noblote, flojo y rebrincado, se vio desbordado para someterlo en la muleta y pararlo. Que estuvo más pendiente de componer la figura, de pasárselo por ambos pitones, sin llevarlo toreado, sin mando, desangelado. A las primeras de cambio, ya había realizado la tanda de derechazos ( como salieran) y el cambio por la espalda para rematar con el de pecho, de forma mecánica, fría , distante. Debió arriesgarse a tirar al toro, someterlo por abajo y si no aguantaba, haber terminado con la sensación del deber cumplido, en lugar de dar pie a que la plaza tomara partido por el burel, aplaudiéndole en el arrastre y dedicando una sonora pita al diestro de Salteras. Para compensar, intentó hacer el esfuerzo con el cuarto, un toro soso que no descolgaba, con la cara por las nubes, eligiendo otra vez mal los terrenos que el toro necesitaba ¿ por qué lo toreó en los medios, donde probablemente el toro se defendía más?. En fin, una pena, pero tal cual está el plantel de toreros, tiene crédito para seguir esperándole. Soberbio el Boni en la lidia del primero, es decir, inteligente y capaz como siempre de colocar al toro con un capotazo y andando hacia atrás.
A Perera le tocó el toro más boyante del encierro, que peló en varas, arrancándose de lejos por dos veces al caballo montado por Ignacio Rodríguez que colocó dos varas en todo lo alto, por fin, en su sitio. Perera se lo sacó a los medios, citándole de lejos, para administrale tres tandas con la mano derecha de mano muy baja que quebraron al toro. Después de esas tandas, el toro ya no fue el mismo y Perera se echó la mano a la izquierda, el mejor pitón del toro, ya tarde, y fue acortando las distancias para acabar encimando la boyante embestida del toro. En el quinto, más soso y reservón, poco pudo hacer pero insistió en su afán encimista ( moda Castella, debe ser...) Mató ambos mal.
Y llegó Talavante, el que tantas tardes hemos visto ausente, al que bautizamos en el tendido como el Afligido y la lió en el tercero de la tarde. El toro, el más terciado del encierro, de bonita capa ( castaño salpicado con falso girón, ¡ahí es nada!) y tras un tercio inexsistente de varas , ya que derribó con estrépito al picador en el primer intento y ante un picotazo como segunda vara, el Presidente incomprensiblemente accede al cambio de tercio...( al final de la faena, al menos fue coherente con el error cometido). Durante el tercio de banderillas, el toro parece que corta por los dos pitones, dificultando el pareo de los banderilleros, esperando en la raya del tercio. Pero la principal virtud de Talavante fue el inicio de la faena, no se lo piensa dos veces y cita al toro desde los medios y el toro se arranca con prontitud ( estaba sin picar, recordemos). Dos tandas con temple con la mano derecha y se cambia la muleta a la mano izquierda, y es ahí en donde deja para el recuerdo tres naturales largos, eternos, rematados detrás que ponen a la plaza en pie. La faena tiene sus altibajos, pues intercala muletazos de enjundia, con pases por la espalda, todo por demostrar la quietud de su concepción del toreo, pero que en mi opinión,desmerecen el conjunto, perjudicando la robustez de la faena. Cierra al toro en tablas y en la suerte natural cobra un buena estocada que tira al toro sin puntilla: dos orejas para el Afligido y la docta afición venteña solicita la vuelta al ruedo a un toro que ¡ estaba sin picar ! . El presidente, consciente del error que cometió con el cambio de tercio, deniega la vuelta al ruedo, a un toro que fue un dechado de nobleza. Con el sexto un zambombo de 620 kilos, con escasa movilidad y más justo de casta, poco pudo hacer. Al menos, asistimos a la resurreccíón del Alfigido... a ver si le dura hasta el jueves para comprobar si vuelve en modo ausente o en modo Afligido resucitado.