11 de mayo. Plaza de toros de las Ventas.
6 toros de Victoriano del Río ( encaste juan pedro domecq) excesivamente grandes para el tipo de la ganadería, encastados, nobles a excepción del bronco primero y el quinto que se quedaba corto.
Luis Miguel Encabo, César Jiménez y Eduardo Gallo.

Si alguien, cuando salieron los carteles, apostaba por esta corrida como una de las mejores de la feria, le hubiéramos dicho que dejara la bebida, que la ganadería de Victoriano del Río hacía tiempo que era un pozo seco de bravura y casta. Sin embargo, la noticia de la tarde, por encima del triunfo y de la actuación de los toreros es la recuperación de esta ganadería para la fiesta, porque habrá pocas corridas que den un juego tan completo en el transcurso de la feria. Toros nobles, que iban a más, de embestida un punto pastueña, pero con el picante que da la casta, con buena pelea en varas.
El ganadero sabrá qué cruces habrá hecho, pero lo cierto es que los toros morfológicamente no tenían nada que ver con el tipo de la ganadería, es más, cada uno era distinto del anterior. Pero bendito cruce...

Encabo o el autoproclamado relevo de Esplá, no se confió con su primero, que llegó un tanto áspero a la muleta, un toro con poder, ¡de 615 kilos! que derribó con estrépito al primer encuentro con el caballo. Entre las molestias del viento y la aspereza del burel, se desvaneció la faena en probaturas y cambios caprichosos de terreno.
Sin embargo en el cuarto, nobilísimo por el pitón izquierdo, Encabo dio la medida del torero que lleva dentro, aunque se dio cuenta del maravilloso pitón izquierdo del toro un tanto tarde, después de un muleteo vulgarote con la derecha. El toro a más, y Encabo también: la tanda de naturales en la raya del tercio, y el final de la faena con los ayudados por alto, doblándose por bajo con el toro antes de cuadrarlo, mereció la oreja que cortó.

César Jiménez como comentan en las telenovelas, " no me provoca", no me llega. Su fingido desvanecimiento permanente ( esa forma tan pomposa de hincarse de rodillas en su primero, ya " desmayao" sin haber empezado si quiera la faena), me parece que que no ayuda en sus faenas: más preocupado por la figura, que por llevar al toro sometido y rematar los pases atrás. El resultado es un toreo armónico, sin duda, por momentos estético, pero falto de contenido. Lo mejor el refrendo de la faena: una estocada por derecho y hasta la bola que ya de por sí valía una oreja. ( Si los consejos de Joselito los emplea en estas lides, bienvenidos sean.) Y sin duda, técnica y predisposición no le faltan, como demostró en el quinto, el más parado de la corrida, que topaba más que embestía, y en el que se dio un arrimón cruzándose al pitón contrario, y embarcando de cerca la embestida del burel, que le valió para cortar su seguna oreja y salir por la puerta grande.

Pero el toreo clásico, lejos de afectaciones e imitaciones burdas, lo realizó Eduardo Gallo en el sexto. El toro noble, rebañaba en cada muletazo quedándose más corto, y después de una soberbia tanda de derechazos abrochado con el de pecho, el toro se le quedó por debajo de la muleta cogiéndole de una manera muy fea. Por suerte pudo continuar por el lado izquierdo pero ni el toro ni el torero eran los mismos. Mató de una estocada trasera y un poco caída y se le pidió la oreja por los quilates de su toreo auténtico.

Los entendidos taurinos, más preocupados por la salida por la puerta grande de Césa Jiménez, que por la recuperación de esta ganadería, comentaban al final que Madrid " está muy barato". La afición venteña, ya se sabe, es de natural caprichosa y advenediza, y no supo premiar con su aplauso a quien debía: el mayoral debió haber saludado al finalizar el festejo. Si el ganadero en lugar de Victoriano se hubiera llamado Victorino...