Acudimos como de costumbre a la Feria del Libro, como casi siempre el útimo día, a mediodía con la fresquita. Entre tanto catón, códigos y sombras del viento, me he encontrado una perla : " La Pantalla Popular ". El cine español durante el Gobierno de la derecha, de Jose María Caparrós Lera, que hace un repaso a la política audiovisual del gobierno de Aznar, acompañando el recorrido de fichas técnicas y críticas de las principales películas españolas desde el año 1996 hasta el 2003.

Argumenta que la táctica utilizada por el partido popular durante ese período fue abandonar el cine a su suerte y centrase en controlar la televisión: ir al cine es un acto voluntario, pero ver la televisión suele ser una situación doméstica inevitable y permanente. No retiraron las subvenciones a los jóvenes cineastas, pero se mostraron contrarios a la cuota de pantalla instaurada por la ley Alborch, ampliando el cupo de películas dobladas por cada una española que se exhibía.

Esa medida estaba en consonancia con su credo económico de "Laissez faire, laissez passer", en donde el mercado es el rey y el garante de las situaciones de equilibrio, y si los consumidores deciden decantarse masivamente por las películas americanas, dejando relegado al cine español como un hecho marginal, no pasa nada. Sin embargo, integrar esa mensaje con su defensa a ultranza de la nación española, se me antoja más complicado. Si hay una nación española, existirá una cultura española, y si existe ésta, la mejor forma de defenderla no es organizar referendums contra el estatut, sino defender su cultura ( el cine español es una expresión más)del ataque incontrolado del cine americano, la peor arma de destrucción masiva aplicada con fines civiles, como si el cine además de ser un arte fruto del talento, no fuera una industria que depende de la distribución, de la propaganda y del dinero.

Es probable que desconfíen del cine español en donde vive tanto progre agazapado, que interesa fundamentalemnte a los supervivientes de la generación progre de los años sesenta y a un público joven adornado de cierta cultura. Por eso no es de extrañar la reacción de la gente del cine con motivo de la guerra de Irak y de los acontecimientos que se sucedieron. Era una buena oportunidad para pasar factura.