10 de mayo Plaza de Toros de Las Ventas
6 toros de Martelilla ( encaste Marqués de Domecq) desiguales de presentación, discretos los tres primeros,descastados y flojos.
Luis Miguel Encabo, Antonio Ferrera y Fernando Cruz
De igual forma que del amor al odio hay sólo un paso, lo mismo ocurre con la ilusión del aficionado y la dura realidad: la delgada línea se traspasa con una tarde como la de hoy en las Ventas.Al entrar a la plaza, se percibe la ilusión por el rencuentro con los amigos del tendido, se nota la predisposición de los toreros y todo ello se estrella con la lamentable corrida de Martelilla.
Comenta Gonzalo Domecq en el programa de mano que reparten en la plaza, que para venir a Madrid hay que tener preparados por lo menos diez toros en el campo, porque siempre surgen imprevistos. Si lo mejor que tiene en el campo es lo que ha traido hoy a Madrid, sería preferible que no preparara nada más y vendiera la ganadería en una feria de ganado en tierras castellanas,en donde a buen seguro le darían un precio justo. Y continúa: "la preparación ha de ser buena en sus tres vertientes: presencia intachable, buena reata y buen entrenamiento para que físicamente aguanten la lidia". Pues bien don Gonzalo, suspenso en las tres.
El toro más potable del encierro le tocó en suerte a Encabo, que abría plaza. El toro soso , embestía a media altura, sin molestar, y Encabo estuvo educado y tuvo el detalle de no molestar al astado: se dedicó a tirar líneas y a torear como si estuviera tentando en el campo. Su segundo que carecía por completo de algo parecido a acometividad, fiereza o bravura, acabó echándose antes de que pudiera entrara matar; menos mal que Santa Rita ( el niño), tercero de la cuadrilla de Encabo, obró el milagro y levantó al toro para que el maestro diera un sainete con la espada:seguro que le estará eternamente agradecido.
Ferrera nos deleitó con una exhibición de las mejores virtudes de su anatomía: el corazón le funciona a la perfección, pues para aguantar situado de espaldas al toro en el centro del ruedo, la embestida al galope del burel en una par que ha bautizado como el del retrovisor, el corazón debe bombear a mil por hora. Las piernas, su otra virtud anatómica : esos horrendos saltos con que nos deleita en cada par de banderillas son dignos de un auténtico atleta. Si hay toro se torea como se es, se dice, pero en este caso se torea como bombea su corazón.
Fernando Cruz realizó lo más sobresaliente de la tarde en su primer toro. El toro se arrancaba pronto en el primer muletazo de cada serie, pero se iba quedando más corto en cada pase. Cruz le dejó la muleta en la cara, su principal virtud, y a base de llevarlo bien embarcado en la muleta, consiguió tandas meritorias con la diestra, que pudieron ir a más si el toro no le desarma en medio de la faena. Lo mató por arriba y escuchó la única ovación de la tarde desde el tercio.
Comentaba Javier Villán en la pasada Feria de Sevilla, que los bencejos sevillanos suelen sobrevolar el albero maestrante, y hasta esbozó una teoría sobre el resultado de la tarde en función del vuelo de los bencejos: en Madrid este año, el ruedo venteño lo sobrevuelan palomas, que a falta de toros, estuvieron bien presentadas, serias, aunque por analogía,de momento ya sabemos que si se dan cita en el ruedo como ayer, mal presagio.

Pues bien empezamos.....
Pues sí, como el año pasado y como el primer día de no sé cuantas ferias atrás. La sensación es la que describe Carlos Ruiz Villasuso, era la primera de feria, pero esa tarde ya la habíamos visto antes. Ese tono plomizo, monocorde, la sensación de que nunca pasa nada...