Por fin el Juli torea sin complejos
23 de mayo Plaza de las Ventas
5 toros de Victoriano del Río (encaste Juan Pedro Domecq) desiguales de presentación, flojos bravos 4º y 6º , destacó el 2º del encierro nobilísimo. 1 toro de la ganadería de Cortés (encaste Juan Pedro Domecq), justo de presencia y manejable.
Uceda Leal, El Juli y José María Manzanares
Otra gran corrida de Victoriano del Río, más floja que la del año pasado, pero que llegaron a la muleta con una calidad excepcional para el torero como el segundo de la tarde, un toro de carretón, aunque escaso de fuerzas. Bravos el 4º y 6º, que se emplearon en varas, y dieron lugar a uno de los momentos más emocionantes de la tarde: el tercio de varas que protagonizó en el cuarto de la tarde Israel de Pedro, dejando dos varas en todo lo alto, moviendo magistralmente el caballo, con el toro empleándose.
Abría cartel Uceda Leal, en una tarde de expectación, de esas en que los claveles lucen radiantes en la solapa de las chaquetas de sombra, al tiempo que los vapores etílicos de las copas de whisky se entremezclan con el perfume caro de sus acompañantes. Uceda se encontró con un primer toro de Cortés, justo de presencia al que no dudó en brindar al respetable. Se lo llevó al sitio mágico de Madrid (lejos de los vapores etílicos del whisky de la sombra, se acercó a los vapores etílicos de bota de vino del sol en terrenos del 5), y le enjaretó una tanda con la diestra con el toro empleándose a medias que conectó con los tendidos. Algunos pases con la izquierda tuvieron profundidad, y sobre todo los ayudados por bajo, auténticos carteles de toros. Faena desigual bien rematada por una estocada un pelín desprendida que le valió para pasear una oreja. Con su segundo toro, un toro con nota alta en el caballo pero que llegó con recorrido corto al tercio final, poco pudo hacer, aunque volvío a matar por arriba y escuchó una merecida ovación.
José María Manzanares padre puede estar orgulloso de su hijo. Un torero de los pies a la cabeza, que a nada que le respeten los toros, llegará sin duda a ser una figura del toreo. En su primero, el toro más flojo del encierro, poco pudo hacer ante un toro que llegó sin recorrido al tercio final. Para el recuerdo un pase de pecho a cámara lenta, llevando al toro muy toreado y con un temple exquisito. En su segundo, que había sido excepionalmente banderilleado por Juan José Trujillo, en el segundo par en el que dejó llegar mucho al astado, el principio de faena fue antológico, realizando unos doblones por bajo que ahormaron la embestida y permitieron el posterior lucimiento del torero en la faena de muleta. Faena con altibajos, con el torero acelerado a veces, pero que llegaba al público por la encastada embestida del astado; una tanda de derechazos resultó profunda y ligada, lo mejor de la tarde. Se volcó en el morrillo del toro aunque la espada cayera algo desprendida. La calidad de su toreo bien valía una oreja.
El Juli vino a recuperar la Puerta Grande que se le negó el año pasado cuando cuajó la faena al toro de Ana María Bohórquez. Esta vez el toro, no tan boyante, pero nobilísimo, permitió a los tendidos disfrutar de la mejor versión del Juli que podamos ver actualmente. Faena que fue a más, en la que aprovechó a medias la clara embestida por el lado izquierdo del toro, sólamente la última tanda de naturales más ceñidos y profundos llegaron con fuerza al tendido. En el resto de faena aplicó la tauromaquia moderna, con pases al hilo del pitón, sin ningún fuste, que no obstante fueron muy jaleados por el afable público del 5. Entró a matar por derecho y la espada cayó levemente desprendida, pero el gran público tenía que resarcirse de la afrenta del año pasado, y le pidieron con fuerza las dos orejas. El Presidente impuso su criterio y concedió la primera, dejando las lanzas en alto para el asalto final a la Puerta Grande.
Y en el quinto toro pudimos ver la versión del Juli que pueden ver en el resto de plazas de España; como si dijera, éste es mi toreo y voy a por la Puerta Grande, planteó una faena en el mismo terreno que en el toro anterior aunque el toro no fuera el mismo. Se pegó un arrimón, hizo el péndulo, se pasó al toro muy cerca y la plaza le obsequió con otra oreja que le valía la salida por la Puerta Grande. El Juli por fin, toreando como sabe, sin trampa ni cartón, vulgar por momentos pero con una entrega que sólo se les supone a algunas figuras del toreo. Él hoy vino a demostrarlo, y aunque toreó infinitamente mejor el año pasado, ésta vez le sirvió para salir por la Puerta Grande. Torear sin complejos, mostrarse tal cual uno siente el toreo también tiene su premio, aunque el resultado artístico deje mucho que desear.

nacho dijo
hola poli , me despejas las dudas y el susto ...el juli aun no sabe torear , el chaval tiene valor y aficion pero le cuesta la verdad , eso si lo intenta
abrazo
24 Mayo 2007 | 02:18 PM