Mucho que torear, don Celestino.
30 de mayo Plaza de las Ventas
6 toros de Celestino Cuadri (encaste Santa Coloma-Gamero Cívico), impecablemente presentados, con trapío, serios, hondos, a excepción del sexto más recogido. Encastados, sin ser bravos, con complicaciones. Destacó el noble 2º.
Pepín Liria, Curro Díaz y Javier Valverde
La mejor definición de trapío se la oí comentar a un añorado aficionado que nos dejó hace ahora cuatro años: hay trapío en la plaza cuando ante la lidia de un toro, a nadie se le ocurriría cruzar el ruedo de las Ventas con la chaqueta al hombro, como en tantas ocasiones de borricas inválidas de embestida pastueña. Hoy, ante seis tíos que pedían el carné de doctor en tauromaquia, la plaza se ha mostrado fría, implacable con la terna.
Ciertamente los toros tenían mucho que torear. Su mera salida de chiqueros debería haber impuesto respeto al público y haber causado estragos en el actual escalafón. Comentaba otro aficionado, que ante toros como éstos nos gustaría ver al fino torero valenciano, que es una enciclopedia andante especializado en cómo corregir los defectos en la embestida de los toros comerciales que suele torear.
Pepín Liria, ya de vuelta en muchas batallas similares, se encontró con el peor lote de la tarde. Su primer toro embestía con la cara a media altura y remataba cada pase con la cara por las nubes. Es cierto que anduvo con demasiadas cautelas toreando al hilo del pitón, que su labor resultó desabrida, que no llegó a los tendidos y se le vio como de vuelta de todo. Ante el cuarto, que se vino arriba en banderillas como casi toda la corrida, desistió de pelearse con él y anduvo en continuas probaturas, sin confiarse, como insinuando que ésto ya lo había hecho tantas tardes, pero que no había ninguna necesidad de repetirlo. El toro, tardo en la embestida pero con un punto de violencia, exigía un plus de riesgo que no contrató Pepín esta tarde.
Curro Díaz tardó en ver la embestida noble que tenía el segundo de la tarde por el pitón izquierdo. Inició la faena con gusto, sacándose al toro a la raya del tercio en donde sobresalió un trincherazo sublime. Se echó la muleta a la derecha, sin acoplarse, y los muletazos surgían enganchados, sin ligazón. Mató mal y dejó escapar una oportunidad de reforzar su cartel en las Ventas. Con el quinto toro, probablemente equivocara los terrenos de la lidia y se obstinó en torearlo cerca de las tablas. Cuando por fin lo embarcó por la izquierda y consiguió tres naturales de indudable mérito, ya por entonces la plaza había desistido de verlo triunfar y se conformaba con que aquello acabara pronto. Mató mal y escuchó unos merecidos pitos.
El susto de Javier Valverde en el tercero de la tarde fue de los que no se olviddan fácilmente. El toro se le vino cruzado al iniciar su tanda de derechazos, y salió despedido hacia arriba mientras caía al ruedo de mala forma. Afortunadamente, no fue nada y continuó con la lidia del astado hasta el final, consiguiendo sacarle merecidas tandas a un toro que rebañaba a cada pase. Pegó un sainete con la espada que deslució todo lo realizado hasta el momento. Con el último toro del encierro, el más recogido, de peor presencia, estuvo decidido pero sin dominar la embestida del toro.
Si ayer el héroe de la corrida fue Rafaelillo con su lidia de manos bajas al quinto de la tarde, hoy el premio se lo deberíamos dar al ganadero porque la terna, a pesar de que estuvo por encima de los toros en rasgos generales, estaba más pendiente de controlar si algún avezado cruzaba el ruedo con la chaquetilla al hombro, que de resolver las complicaciones que presentaba la corrida, en la que como hemos comentado había mucho que torear.

curra dijo
Desde mi desconocimiento del tema que se trata en estos artículos, te diré Poli que deberías trabajar también el filón narrativo de la fauna que puebla los tendidos, por lo que parece, raza tan sin par como el toro de lidia.
31 Mayo 2007 | 09:26 AM