Un gran toro de Adolfo
1 de junio Plaza de las Ventas
6 toros de Adolfo Martín (encaste Albaserrada), discreto el primero y bien presentados el resto. Encastados pero justos de fuerza 1º,2º y 4º. 5º y 6º nobles. Destacó el bravo y noble 3º.
El Fundi, Luis Miguel Encabo y López Chaves
Comentaba el ganadero en el programa de la corrida, que lo que menos le gusta de la lidia actual es el papel que desempeña el tercio de varas: al toro se le pega una barbaridad en el primer puyazo y los toros sangran hoy más que nunca, aunque la puya es la más corta de la historia de la tauromaquia. Y no le falta razón, hoy al hermoso ejemplar de Adolfo corrido en tercer lugar, de nombre "Chaparrito", a la salida del primer puyazo, le corría un reguero de sangre que iba dejando charcos de un palmo allí donde el toro se paraba. Se pica peor quenunca, con puyazos traseros, haciendo la carioca a todos los toros por sistema, y a veces barrenando. El resultado es que el toro no aguanta la lidia completa y llega al último tercio casi desangrado. O reducimos la puya para no provocar tanto destrozo en el animal, o por la suerte de varas se nos va la mitad de la fiesta.
Y menos mal que la corrida salió encastada, con los toros cumpliendo en el caballo, pero adoleciendo de falta de motor en el último tercio. Eso fue lo que le ocurrió al lote del Fundi con dos toros que llegaron con poco recorrido, a la defensiva.Con su segundo, al que el público no le dejó banderillear, intentó sin éxitoen terrenos del cinco hilvanar los pases, pero al toro le costaba un mundo embestir con prontitud. Cuando todavía porfiaba por el pitón izquierdo el público le reprochó sus ganas de agradar y le silbó: confundir la exigencia con la intransigencia, es el pecado mortal de esta afición cambiante y caprichosa que convierte su aburrimiento en lanzazos hirientes e injustos para el torero. Al menos, mató de una gran estocada, que le valió por sí misma el saludo desde el tercio.
El caso de Encabo empieza a ser preocupante; de ser un toreroal que la afición había señalado como uno de los sucesores de Esplá, por la atención que concedía a la lidia, ha pasado al conservadurismo más elemental, al no exponer, en definitiva a ser la eterna promesa del torero, como lo fue del ciclismo Julián Gorospe. Anduvo sin convicción toda la tarde, sin exponer, y para colmo mató indecorosamente mal en sus dos toros, con espadazos infames que no llegaron ni a la categoría de bajonazos. Tendrá que recapacitar si quiere remontar el vuelo. Al menos el quinto era un toro para haber estado mejor ya que con el segundo, justo de fuerzas, era más difícil conseguir el lucimiento.
Y para desgracia de López Chaves, torero curtido en mil batallas, salió Chaparrito, un toro bravo, que se arrancó de largo por dos veces al caballo, que fue a más durante el tercio de banderillas, y que embestía humillado, como suelen hacer los ejemplares buenos de esta ganadería. Al menos esta vez, se lo sacó a los medios, para empezar la faena por la derecha, citando completamente al hilo del pitón, medio tumbado, sin rematar el pase detrás, tirando líneas. A cada toro hay que darle su lidia, es decir, torearle de diferente forma, y el bravo toro de Adolfo merecía trazar círculos, rematar los pases, no tirar líneas al hilo del pitón. Otro toro que se va al desolladero con las orejas puestas, como el de ayer de Palha. El sexto, también noble, llegó con menos recorrido a la muleta pero debió estar mejor, porque la nobleza del toro quedó por encima del torero.
Corrida a medio gas de Adolfo, excepto el bravo y noble tercero, con el que nuevamente se cumplió el dicho: Dios mío líbrame del toro bravo, que del manso ya me libro yo.
