¡Bendito seas, Morante!
6 de junio Plaza de las Ventas. Corrida de la Beneficencia.
1 toro de Gavira (encaste Marqués de Domecq), bien presentado, boyante y noble, justo de fuerzas, 2 toros de Román Sorando (encaste Domecq), el 2º atacado de kilos y el 5º un poco bronco en la muleta, 1 toro de Ana María Bohórquez (encaste Domecq), mal presentado, flojo descastado, 1 toro de Rosario Osborne (encaste Murube) mal presentado, justo de fuerzas, 1 toro de Núñez del Cuvillo (encaste Domecq), justo de presentación, noble y justo de fuerzas.
Morante de la Puebla (único espada).
La corrida había transcurrido hasta el quinto toro, sin pena ni gloria, con Morante a medio gas, como los toros que le tocaron en suerte y que su veedor eligió en el campo, por hechuras, no por trapío, a excepción del segundo de Román Sorando, un zambombo atacado de kilos, de mucho volumen al que Morante no quiso ni ver. Con su primero de Gavira, el torero de la Puebla había estado en un continuo quiero y no puedo, lanceando con profundidad de salida al boyante toro, pero sin cogerle la distancia que el toro requería. En su segundo, de Román Sorando, el toro sin emplearse de salida, con mucho volumen, y después de una colada por el pitón derecho al inicio de la faena, no hacía presagiar nada bueno. El tercero, de Ana María Bohórquez, justo de presencia, llegó sin fuerzas al último tercio, embistiendo con la cara a media altura, sin ningún fuelle. Con el cuarto de Rosario Osborne, un toro bonito de hechuras, pero de escaso trapío, más de lo mismo a pesar de que no se le pegó apenas en varas, y con el que nos deleitó Morante con unos lances a la verónica de excepcional calidad.
Y salió el quinto de Román Sorando, que embestía con un poco de brusquedad por los dos pitones, que no permitía a Morante confiarse todo lo que el torero hubiera deseado. De pronto, a la salida de un pase, Morante se queda en la cara del toro, que de certero derrote, le prende por el fajín, y ya cuando caía le pega una tarascada en la cara, que le produjo una brecha considerable. Con el golpe, el torero pasa a la enfermería para curarle la herida que sangraba en abundancia y comprobar que lo del fajín se quedaba en un mero susto. El toro lo terminó de matar con oficio el sobresaliente Alejandro Castro.
La plaza, conmocionada por la fea cornada de Morante, espera que los derrotes del toro no sean nada y que el torero reaparezca para completar la lidia del sexto. Se anuncia en megafonía que el torero está dispuesto a torear el sexto, en cuanto le sean curadas las heridas y se enfunde de nuevo el traje de torear. A los quince minutos, después de una espera interminable, regresa Morante andando sereno por el callejón, seguido por su apoderado Rafael De Paula, tocado con un sombrero cordobés, y unos aires de torero con solera como los buenos vinos, que no se pué aguantá.
Paula devuelve los saludos afectuosos que recibe del tendido durante su trayecto, elevando levemente su garrote, como hiciera con sus verónicas de mano alta cuando estaba en activo.
En ese momento, Morante ya nos tenía a todos de su lado: solamente el hecho de anunciarse con seis toros en Madrid, hacerlo desinteresadamente, y haber hecho un esfuerzo por pasar por alto la presentación del 3º y 4º, venir apoderado por un gitano como Rafael de Paula, era todo un hito en la historia de la plaza. No contento con todo esto, volver a torear el sexto después de la paliza del quinto, era todo un gesto que la afición de Madrid, los cabales, supimos valorar en lo que vale.
Y salió el sexto de Núñez del Cuvillo, y Morante no lo dudó y se puso a lancear a la verónica ganando terreno al astado en cada pase, como sólo saben hacer los elegidos por el arte sublime, con que cada cierto tiempo tiempo tienen a bien recompensar el Dios Tauro a los sufridos aficionados de las Ventas. El juego de muñeca en el lance, la profundidad de los mismos, la estética sublime que contemplamos, dejó al toro roto al rematar las verónicas muy de verdad en círculo, y a las Ventas en un estado de semishock del que ya no se recuperaría.
Para colmo, y en un alarde de entrega que le honra, decidió banderillear al toro. El primer par, cuadrando en la cara fue sencillamente sensacional. Luego vendría otro por el mismo pitón derecho más fácil y para cerrar un par al quiebro al hilo de tablas que remató un tercio mucho más digno de lo que los aficionados de las Ventas esperaban. El principio de faena doblándose por bajo en la raya del tercio y rematando con el de pecho fue de los que no se olvidan. Después vendría una larga faena en la que encontró la inspiración a ratos, una serie magistral con la izquierda con el toro más parado en la raya del tercio, muy cruzado al pitón contrario, muy de verdad, a pesar de que los de siempre le recriminaran su defectuosa colocación.... Cambió de mano y ligó una serie por la derecha con el toro rebañando a cada pase que tuvo solera. Remató la faena con naturales de frente, emulando a su apoderado en aquella faena de la Feria de Otoño del ya lejano 1987, y se perfiló para entrar a matar en la suerte contraria. La espada se le fue a los bajos de forma escandalosa, y Morante rectificó quedándose con el estoque. Se perfiló una vez más y cobró una estocada trasera que le valió para cortar una merecida oreja.
Dejemos a los puristas que discutan de casquería, de si la oreja debio tener una mayor o menor recompensa, de si la espada cayó más en los bajos que arriba, de si el ganado de hoy rozaba lo impresentable para una plaza como Madrid. Todo eso hoy, con la calidad sublime del toreo de Morante, debe quedar en un segundo plano, y doy fe de que lo consiguió porque la plaza se mantuvo en silencio durante la faena del sexto, algo que hacía mucho tiempo que no ocurría en esta plaza. Hoy, más que una tarde para puristas, era una tarde para haber disfrutado de la calidad del toreo de Morante, de su toreo tan distinto, de su personalidad incuestionable e inconfundible, en fin, una tarde de emociones a flor de piel, por la que te damos gracias. Bendito seas torero.
