14 de mayo Plaza de las Ventas
3 toros de José Luis Pereda ( encaste Núñez-torrestrella) y 3 toros de La Dehesilla ( mismo encaste), desiguales de presentación, flojos, descastados. Destacaron el noble 2º y el 6º con tranco.
Luis Francisco Esplá, Luis Miguel Encabo y Antonio Ferrera
Ya en el primer toro, en el cambio de tercio, los tres matadores se conjuraron para ofrecerse los palitroques en los tres primeros toros de la tarde y de paso darnos la tabarra con el numerito de las banderillas. Carreras a diestro y siniestro, saltos atléticos de Ferrera al clavar, pares muy desajustados, clavados la mayora a toro pasado, algunos como uno de Esplá, escandalosamente pasados de la cara. El público empezó aplaudiendo, pero poco a poco se daban cuenta del resultado artístico de tanta carrera, hasta el punto que Esplá se negó a banderillear al cuarto de la tarde, dejando que lo hiciera aseadamente su cuadrilla.
El resto de la tarde transcurrió entre la sosería de los toros de Pereda, las pocas ganas de Esplá, las limitaciones de Encabo, y el pundonor de Ferrera. Esplá toreó a su primero sin confiarse por el pitón izquierdo, ayudánsose, con el toro muy cerrado en las tablas en terrenos del 1.Quizás de haberlo sacado un poco más, el toro hubiera colaborado algo más, o lo mismo él, perfecto conocedor del toro y sus terrenos, elegió conscientemente el sitio... De todas formas, el toro no descolgaba, con la cara alta, y ofreciendo poco lucimiento. Lo mató de una puñalada trapera en los bajos. En su segundo, con la montera calada, vimos la faena de tantas tardes de Esplá, al filo del pitón, ligando al relance, con esa difícil facilidad que da tener veinticinco años de alternativa. En eso es un experto, pero para una tarde como la de ayer, poco bagaje. El sabrá.
Encabo se encontró con el mejor lote del encierro, como tantas tardes, y lo desaprovechó como siempre. En su primero, un toro noble, que embestía con buen son, aunque a menos durante la faena, no encontró el sitio para cuajar faena y poderle haber cortado una oreja; la diferencia en la colocación tiene estas cosas, y no es lo mismo torear al hilo del pitón e intentar ligar dando un paso al frente en el siguiente muletazo, que quedarse colocado y enganchar al toro en el siguiente. Lo mejor la estocada, aunque la espada cayó un poco baja. En su segundo, más de lo mismo, y sainete con la espada.
Ferrera salió decidido a triunfar, a dejarse ver, y lo consiguió. Fiel a su estilo, cuajó un sensacional tercio de banderillas en el último de la tarde,destacando el soberbio segundo par cuadrado en la mismísima cara. Previamente había recibido a su oponente con unas verónicas vibrantes rematando con una media con el toro entregado. El toro embestía con buen tranco, galopando, y Ferrera lo citó de lejos, a favor de querencia en la primera serie, pero no lo templó, los muletazos salieron enganchados, revueltos, y el toro, eso es cierto, aunque galopaba, no se empleaba en la embestida, no humillaba lo suficiente; lo intentó al natural, y más de lo mismo, enganchones, embrollo en definitiva. Y a partir de ahí se dedicó a lo que le gusta, a torear muy pegado a los pitones del toro, a cruzarse al pitón contrario, a sacar los muletazos de uno en uno. Eso es lo suyo, y no lo hace mal. Mató de una espectacular estocada, que en sí misma merecía la oreja que cortó en el sexto.
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