15 de junio Plaza de las Ventas

4 toros del Puerto de San Lorenzo ( encaste Atanasio Fernández), desiguales de presentación, descastados, mansos, 1 toro de Cortés ( encaste Juan Pedro Domecq) , flojo, deslucido, 1 toro de El Torero ( encaste Juan Pedro Domecq) flojo, con complicaciones.

El Fundi, José Tomás y Juan Bautista

Volvía José Tomás a las Ventas después de la apoteósica tarde del 5 de junio, en la que cortó cuatro orejas, cruzando por sexta vez la Puerta Grande de las Ventas; la expectación era enorme, cun un lleno hasta la bandera ,con la reventa por las nubes, y el sol calentando la tarde con justicia en los tendidos de sol, la primera tarde de esta larga y extraña Feria. Al romper el paseíllo, la plaza obligó a saludar desde el tercio al mito, una forma de agradecimiento público por la tarde cin que nos obsequió el otro día. Incomprensiblemente el mito no compartió la ovación con sus compañeros de cartel, como hiciera en la última de la feria del aniversario el Cid.

Y salió el segundo de la tarde, justo de presencia, y manso declarado desde el inicio; costó un mundo que tomara dos varas, e incompresiblemente ni el director de lidia, ni José Tomás movieron los caballos hacia la querencia como aconsejaba el comportamiento del astado. La lidia en el segundo tercio fue espantosa, con el toro aquerenciado en la raya del tercio, defendiendo los adentros y los subalternos pasando las de Caín para poder banderillearlo. José Tomás comenzó la faena obligando al burel con unos doblones por bajo, rodilla en tierra que fue lo mejor de la faena; luego intentó quitarle la querencia al ejemplar del Puerto, toreándolo en la raya del tercio, pero el toro a cada pase, salía suelto buscando el refugio de las tablas: y allí que fue a torearlo José Tomás, dándole todas las ventajas al toro, desafiando la lógica, atropellando la razón y el sentido de la lidia; los pases por la derecha, muy pegados a las tablas se sucedían el primero hacia afuera con dificultades y el segundo hacia adentro con más profundidad, por la entrega del toro; por el pitón izquierdo el toro ya había hecho un extraño y J.T. no lo dudó, y lo citó por ese pitón, quizás demasiado largo, sin citarle a la distancia apropiada, la corta, con el toro más tapado, y a las primeras de cambio el toro se lo echó a los lomos: salió econ el rostro y el traje emabardunado por la sangre del morrillo del toro y la plaza empezó a entrar en estado de shock por la entrega del torero; consiguió darle una tanda de tres pases por el pitón derecho, más ligadas de lo que se esperaba del toro, y ya con la plaza entregada se dispuso a entrar a matar dejando una estocada en el rincón, que le valió para cortar una oreja que se le protestó: una faena a puro huevo, a cara de perro.

En su segundo, un sobrero de El Torero, bastote de lámina y abierto de cuerna, no consiguió templarlo con el capote, resultando la mayor parte de los lances enganchados; el toro llegó humillando al último tercio, pero debido a la falta de fuerzas, presentaba complicaciones por los dos pitones: por el pitón derecho, el toro se quedaba corto a partir del tercer pase, teniendo J.T. que tragar un mundo hasta que el toro pasara en cada pase; por el pitón izquierdo, el toro no desplazaba lo sufciente. De las tandas por la derecha destacaron dos muletazos de mano baja y mandones, que nos recordó por momentos la faena de la otra tarde; sin embargo se echó la mano a la izquierda, y después de dos naturales, remató con un pase de pecho por el pitón derecho, en el que toro se paró, cabeceó y lo levantó del suelo, infiriéndole tres cornadas en el muslo derecho; se levantó sin mirarse la herida y con el boquete abierto en su muslo, continuó toreando como si nada, una tanda más por la derecha a pies juntos, y una más con las famosas manoletinas, con la plaza como un manicominio. Se dispuso a entrar a matar con las facultades mermadas, no pudiendo cruzar, y saliendo rebotado de un pitonazo en el pecho, que pudo ser mortal. La plaza rugía, pidiéndole los máximos trofeos, que el Presidente concedió, que J.T. recogió de manos del alguacil, para encaminarse lentamente por su propio pie hasta la enfermería, mientras la plaza gritaba: " ¡ torero, torero!. José Tomás forjaba así su leyenda a base de sangre y fuego, sin término medio, jugándose la vida ante unos toros infames que no ayudaron en nada al diestro. Otra versión del mismo torero que vimos triunfar la otra tarde con un toreo magistral ante otro tipo de toros; como decía Curro, las cornadas te las debe dar el toro bueno, no esa moruchada infame que envió el ganadero ayer; o como decía el maestro Esplá, la técnica debe estar al servicio del torero para dominar al toro, y ésta consiste básicamente en burlar la embestida del toro para que el torero salga airoso: lo de J.T. esta tarde roza más la inmolación del torero en el ruedo, ajeno a la técnica, esquivando la razón, en definitiva una épica de otra época que tan poco se ve en los tiempos que corren, y si no que se lo pregunten al Juli....

El resto de la corrida se diluyó entre la mansedumbre de los astados, las buenas verónicas ( buenas nada más ) del Fundi al cuarto de la tarde y algún destello de calidad de Juan Bautista en el sexto de la tarde, que tenía genio por los pitones, con mucho que torear.