19 de mayo Plaza de las Ventas
6 toros de Núñez del Cubillo ( encaste juan pedro domecq) muy desiguales de presencia ( escandalosamente chicos los tres primeros), flojos, destacó el encastado quinto, que empujó con clase en las dos varas que tomó, de gran fijeza y por momentos bronco en la muleta.
El Juli, El Cid y Miguel Angel Perera
Cartel muy rematado el de esta tarde, de lleno reventón, con la reventa por las nubes, y todas las caras guapas en los tendidos de sombra dejándose ver: otra vez como cada año, San Isidro cumple su papel de acto social, de quedada como dicen ahora, y las clases pudientes hacen acto de presencia en el coso madrileño para compartir una tarde que prometía sobre el papel , y a la que honró ¿? con su presencia SM el Rey y la Infanta Elena desde una barrera del tendido 10.... y como suele suceder en este tipo de corridas, y más cuando torea el Juli, la tarde se fue al traste por el escaso juego que depararon los toros y por la ausencia de trapío que lucieron los tres primeros toros que saltaron al ruedo. Sinceramente no me puedo creer que una ganadería como la Núñez del Cubillo, no tenga nada en el campo de más trapío que lo ha que traído hoy a Madrid, pero podría ser, ahora lo que es más difícil de entender es que el equipo de veterinarios y el Presidente del festejo no le hayan puesto reparos a los tres novillos infames que abrieron plaza. Por este camino, al aficionado cabal, conseguirán echarle de la plaza, y dejaremos hueco para que se puedan sentar en el tendido los representantes de la cultura de la satisfacción para que puedan lucir sus mejores galas y seguir cerrando negocios.
El Juli no aprende la lección; cada año se apunta a la corrida que resultó triunfadora el año anterior, y aunque este año parece que ha rebajado su caché, entró en la corrida que el año pasado propició la salida por la Puerta Grande de Perera. Y aunque aquélla no fuera un ejemplo irreprochable de presentación, no recuerdo semejantes chirrinas como las de hoy: vaya coincidencia con el niñato!. Y tanta preparación, y tanto cuidado para luego torear a su segundo toro de forma desigual por la mano derecha, reeditando el natural del Tato, citando casi tumbado, algo seguramente meritorio para los profesionales, pero tremendamente antiéstetico. En fin, que para ese viaje no hacía falta esas alforjas.
El Cid tuvo que cuidar la embestida del noble segundo, que embestía con buen tranco, noble, pero muy flojo. Con tal material, el toreo que pensábamos poderoso del Cid, desluce, es comprensible. Pero salió el jabonero en quinto lugar, al que recibió con unas ajustadas verónicas, y pronto descubrió la nobleza del astado por el pitón izquierdo. El toro tenía una gran fijeza y se arrancó de lejos al caballo para recibir una primera vara , que resultó eterna, empujando con clase. El toro sangró una enormidad y tomó una segunda vara con alegría y entrega. Acudió como un obús al embroque de los pares que por el pitón izquierdo clavó con acierto desigual Alcalareño ( mucho mejor el primer par que el segundo) y llegó al último tercio con la fuerza y la casta que no habían sacado sus hermanos, un punto remontado como los vinos añejos. Pensamos entonces que el Cid, doctor honoris causa por la Universidad de Victorino Martín, le iba a plantar batalla como tantas veces... pero no pudo con él; el toro tenía mucho que torear por ambos pitones, por el izquierdo rebañaba cada pase y la codicia en la embestida dificultaba la colocación del torero. Probablemente el Cid, sorprendido por el comportamiento, quiso cambiar a la diestra, y le recetó un par de tandas al más puro estilo de la tauromaquia moderna: a distancia , sin cruzarse, y sin atacar al toro. Un toro para haberle plantado más batalla de la que vimos, no un toro de carretón, ni de embestida larga y noble, pero un toro encastado en definitiva, al que el Cid quizás en otro tiempo habría cuajado. Una pena.
Perera está un momento excepcional, y sólo con su fenomenal colocación durante toda la tarde consiguió que los dos toros que le tocaron en suerte parecieran mejores en sus manos de lo que realmente fueron. El muletazo de mano baja, rematado a la cadera, bien ligado , lo ejercitó tanto con su primero que pegaba derrotes por el pitón derecho como con el último de la tarde que se empleaba a medias por el pitón izquierdo, con la cara a media altura. Quizás dos defectos tuvo en su faena al sexto toro: la elección de los terrenos - por qué decidió torearlo en los medios, cuando probablemente el sitio era en la raya del tercio-, y la faena tan larga que le administró, sonando un aviso cuando todavía no se había ni perfilado para matar.
En fin, que apañados estamos si del cetro de la tauromaquia se nos apea quien ha sido durante estos últimos años, un faro, una guía: esperemos que no sea así, y que una mala tarde la tiene cualquiera, hasta el Cid.

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